Acato… por imperativo legal

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Estos días se ha constituido el  nuevo parlamento y, con ello, hemos asistido al circo, ya tristemente conocido, de observar la gran variedad de fórmulas elegidas por sus señorías para acatar la Constitución. Trámite necesario “…por imperativo legal”. El que los diputados juren, o prometan, guiarse en su desempeño  por las normas que nos hemos dado los ciudadanos, parece el respeto mínimo que cabe exigirles. Simplemente significa la asunción de que los poderes que adquieren como representantes de los ciudadanos no son ilimitados y que están legitimados, precisamente, por el respeto a las normas en que se enclavan, que, en último término, presupone el respeto a los representados mismos. Por ello, no es baladí, así pasa en todos los países serios, que los diputados acaten estas normas que son origen de su condición. De la misma manera que jura el Rey, ya desde los inicios del constitucionalismo.

Y es que, acatar la Constitución, no supone la adhesión plena a toda su letra. La misma Constitución prevé el disentimiento, por ello, en la misma, está prevista su reforma. Viene a decir, refórmese lo que se quiera, pero bajo unos cauces que aseguren que ese cambio no es fruto de la imposición de unos sobre otros. Se hace, por tanto, según las normas que los ciudadanos democráticamente nos hemos dado.

Siendo esto así, la fórmula, elegida por tantos, de prometer acatar la Constitución por imperativo legal, parece venir a decir, prometo cumplirla porque se me obliga, pero no está en mi verdadera intención hacerlo. Lo que a los ciudadanos nos viene a decir, me paso por el forro vuestras normas. Que significa, ni más ni menos, no asumir la democracia.

El origen de esta fórmula hay que agradecérselo a los “teóricos” de Herri Batasuna que, ya el 21 de noviembre de 1989, en la sesión constitutiva del Congreso de los Diputados, la utilizaron, hecho por el que les fue negada el Acta de diputados. Pidieron entonces amparo al Tribunal Constitucional, amparo que, por supuesto, les fue concedido (STC  119/1990, de 21 e junio de 1990). Sorprendente. No sin antes decir:

 “Frente a esta postura, quienes se oponen a la concesión del amparo solicitado sostienen, por el contrario, como ya queda dicho en los Antecedentes, que la anteposición de esa breve frase desvirtúa por entero el sentido de la promesa que a continuación se hace, subrayando, al colocarla en primer lugar, la causa o motivo por el que se promete y rompiendo además, con ello, mediante la introducción de un elemento ambivalente. La relación directa entre pregunta y respuesta.

No se trata ya, por tanto, del respeto o no a una fórmula ritual, sino del cumplimiento o incumplimiento de un requisito formal, el de rendir homenaje de sumisión y respecto a la Constitución, que exige la prestación de juramento o promesa de acatamiento a la misma, pero sólo eso.”