AUNQUE PAREZCA MENTIRA, LO DE MARX, D. GRUCHO, SE HACE REALIDAD, O ¡Qué más quisiera Don Carlos que ver así cumplidos sus lúgubres vaticinios!

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Confieso a ustedes que, como decía esa gloria de la literatura especialmente taurina, Diaz-Cañabate, más conocido como el Caña, “estoy que no salgo de mi apoteosis”. En esa situación me encuentro desde que en el ABC del día 14 de febrero, leí unas declaraciones de Don Rafael Hernando, Portavoz del PP en el Congreso de los Diputados realizadas con motivo del reciente Congreso de ese Partido Político.

Si no fuera porque jurar no es recomendable y basta decir sí o no entre los hombres verídicos, como debe ser, les juraría a ustedes que lo que inmediatamente me sugieren las declaraciones que el diario pone en boca del Portavoz es que reproducen exactamente la idea que expresa la frase atribuida al señor Marx, el bueno, esto es, Don Groucho, dicha con ánimo jocoso, como no  podía ser de otro modo. Seguro que la recuerdan ustedes, es aquella según la que Don Groucho al intentar presentar sus principios de manera persuasiva para que el interlocutor se adhiriera a lo que el propio don Groucho pensaba, después de enunciarlos, presentaba a la elección otros principios bajo la advertencia de que los primeros eran sus principios pero si no le gustaban tenía otros. Los principios, pues, considerados mercancías intercambiables según las circunstancias.

Para quien no haya leído las repetidas declaraciones, estaría tentado de jurar, tan increíbles resultan, que lo que voy a reproducir no es más que la verdad y solo la verdad. Según el ABC a que me refiero, el Portavoz del PP, con la solemnidad con que suele conducirse, a la pregunta sobre el riesgo de “ensanchar los márgenes para aglutinar a (un mayor porcentaje) del electorado” contestó: “…la sociedad está en permanente cambio. Necesitas principios, si no, te conviertes en un zascandil. Pero si tienes principios que permiten adaptarte a la sociedad…” Es pertinente decir que inmediatamente antes, la entrevista se había centrado en el sacrificio de “principios ideológicos” del PP. Respecto de lo que el entrevistado se refirió a la “evolución social” y no tuvo empacho en aludir a la condición del PP de partido de centro-derecha  -sí, de nuevo dejemos el juramento a un lado- “en que se tienen que buscar puntos de encuentro”.

No deseo que alguien pueda pensar que soy tan ingenuo como para ignorar la necesidad en que en ocasiones, incluso en muchas ocasiones, la acción política obligue    a ceder posiciones en vista de eso que impropiamente llamamos “mal menor”. Y aprovecho la ocasión para censurar el uso de semejante expresión por lo que representa de meta para malintencionados y para incautos. Porque lo cierto es que, menor o no respecto de otro mal, el supuestamente menor no deja de ser un mal que, por consiguiente, debemos evitar.  La inaceptable doctrina del “mal menor”, tal y como generalmente se entiende, puede, a mi juicio,  resultar aceptable si la cesión no afecta a cuestiones de principio en el sentido de que implique la renuncia al propio principio. Porque si es así, como se desprende sin duda de las declaraciones de referencia, entonces no se puede, en rigor, decir que se tengan principios; entonces, estamos precisamente en el caso de don Groucho.

Claro es que desde el famoso Congreso en que se hizo explícita la renuncia, despectiva además, a principios es sabido que el PP carece de ellos. Así viene demostrando sin lugar para la duda en la práctica desde que ocupa lo que llamamos Gobierno. Porque desde él, como ya en otras ocasiones he dicho, se actúa de acuerdo a como la brújula del “progresismo” va ordenando. En el ejercicio del poder se han abandonado todas las promesas electorales que, esas sí, traducían principios.

En este sentido, las declaraciones del Portavoz no hacen más que evidenciar lo que muchos ya sabíamos, aunque no deja de ser llamativa la desenvoltura con que ahora se parte, implícitamente, de que no hay otro principio que el conseguir y mantener el poder para…¡ah, pues para disfrutarlo los bienaventurados que lo poseen! Adviértase que ahora no cabe esperar que lo del cambio y recambio de “principios” no tenga traducción en la realidad puesto que se ha prometido. Y no cabe esperarlo por la sencilla razón de que el cambio y recambio es cabalmente la consecuencia que podemos vivir cada día en la práctica del Gobierno del PP  en aras de la utilidad de los gobernantes y su “gente”.

Por mucho que el Portavoz se atenga a la realidad, no deja de causar sorpresa su actitud pues tan seguro parece estar de que se continuará considerando al PP el partido de centro-derecha por una masa de votantes que, crédulos ante la más cruda propaganda procedente de varios lugares pero también del propio partido, lo seguirán votando puesto que su voto es para la derecha.

Es cierto sin embargo que conociendo la fiabilidad de que es merecedor el PP, la cuestión ahora tratada no  puede sino traducirse en sonrisa evocando a don Groucho, pero en este caso será la sonrisa de un payaso que siempre envuelve un no sé qué de amargura y de tristeza.

José María De la Cuesta Rute

Madrid , 16 de febrero de 2017