Carta fundacional

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Vivimos una época de profundos cambios. Rotos los esquemas del pasado, las innovaciones tecnológicas y científicas, atisban un futuro de enorme incertidumbre. En este momento histórico en el que, ni lo viejo se ha ido, ni lo nuevo termina de llegar, a nosotros nos toca escribirlo. El Derecho se antoja fundamental en este sentido, y el papel de la persona primordial. Del respeto a su dignidad como ser racional y libre, y por tanto responsable, saldrán los resortes para no repetir errores tristemente conocidos (“vivan las cadenas”). Saber rescatar lo mejor de entre el enorme caudal de conocimiento que nuestra civilización atesora se antoja fundamental. Llamarla occidental o cristiana, no es baladí. Empecemos a llamar las cosas por su nombre, como defensa a todos aquellos que tuercen los significados, construyendo el pasado, diseñando el presente, asaltando el futuro. Nosotros, los ciudadanos libres, somos ya el último dique de contención capaz de impedir que las libertades que nos quedan nos sean arrebatadas. Hace falta, como decía Don Miguel, “que se repita a diario lo que a diario de puro sabido se olvida”.

Pretendemos ser una voz calmada y reflexiva, a la vez que valiente y firme, en la defensa de nuestras convicciones. Una luz nítida y clara, donde puedan guiarse todos aquellos navíos que, en la larga noche, desorientados por la oscuridad y las brumas, busquen referencias para llegar a buen puerto. Tal vez conozcan el camino, o creyeron conocerlo, pero el resplandor les ciega, el ruido les paraliza… Pues, “es cierto que los que van de cara al sol están expuestos a que los ciegue éste, pero los que caminan de espaldas por no perder de vista su sombra, de miedo a perderse en el camino -¡creen que la sombra guía al cuerpo!-, están expuestos a tropezar y caer de bruces. Después de todo, aún así caminan hacia adelante, porque el sol del porvenir les dibuja la sombra del pasado”
Por todo ello es que es tiempo de responsabilidad, de verdad, tiempo de valientes. De llamar al pan pan y al vino vino. De salir del “marasmo” que nos atenaza. En ocasiones parece que nos precipitamos al vacío, mientras, cómo el protagonista de “El Odio”, nos repetimos “ …todo va bien, todo va bien”. No queremos decir que el Rey está vestido, cuando no es así. Y “aunque ya nada pueda hacer volver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores…”, como Gatsby, creemos “en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros… Nos esquiva, pero no importa, mañana correremos más deprisa, alargaremos más los brazos y una buena mañana… Y así seguimos vagando, botes CONTRACORRIENTE, incesantemente arrastrados hacia el pasado”.

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