¿CÓMO NO SENTIRME GOZOSO?

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¿Cómo, en efecto, no exultar de alegría?, ¿cómo dejarme abatir por las urgencias de difícil  solución de cada día?, ¿cómo no sentir que las preocupaciones que como miembro de la comunidad española creía estúpidamente que eran de considerable importancia se convertían en triviales y podían considerarse fruto de mi visión pesimista típica de los hijos de esta gran Nación?

El caso es que me devuelve el optimismo, la alegría y la esperanza, con perdón, un hecho que de forma deslumbrante me hace comprender la grandeza del sistema-que-nos- hemos-dado-a-nosotros-mismos. El Congreso de los Diputados, a Dios gracias, con perdón otra vez, adopta el acuerdo de que no se podrá cortar el rabo a los perros.

Ya era hora de recibir una gran noticia reveladora de nuestro grado de madurez como ciudadanos libres y responsables. Por eso hay que saludar con gozo –y es poco el que soy capaz de manifestar ahora- una noticia que acredita que nos encontramos en el nivel máximo que le es dable alcanzar al homo sapiens.

Pero más felicidad reporta saber que la prohibición de cortar el rabo de los perros supone aceptar un Convenio internacional. ¡Ya era hora! O sea que desde este momento estamos al mismo nivel de muchos otros que también tienen la indescriptible fortuna de vivir en un sistema que se-han-dado-a-ellos-mismos. De modo que, al fin, llegados a la pobretona cumbre que corresponde al espécimen homo sapiens, podemos ya emprender con entusiasmo el camino del transhumanismo que al proporcionarnos la interminable mejora de nuestra, hasta ahora miserable, condición nos transporte al mundo del posthumano glorioso.

Así pues, entonemos cánticos de júbilo y agradezcamos poder disfrutar de unos sacrificados representantes elegidos que, dotados gracias a la elección y por mientras dure el cargo por supuesto de luces propias ya de posthumanos, son capaces de discernir lo que a nosotros, pobres ignorantes imbéciles, nos conviene en todos los órdenes de la vida… menos quizá en el de la convivencia pacífica por respeto a la libertad de cada uno. Claro es, que menuda bobada; si ellos saben todo lo que nos conviene, saben también que no deben tolerarnos ser libres. Y, ya que pueden

 

JOSÉ MARÍA DE LA CUESTA RUTE

8 marzo 2017