COMPRENDERÁN VDES. MI SATISFACCIÓN

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Estoy seguro de que comprenderán la satisfacción que he sentido al leer esta mañana el artículo de Gabriel ALBIAC en el ABC –“Sánchez y su tendero”- en el que, con independencia de los rasgos de humor implícitos, sostiene, me parece que muy en serio, la imposibilidad de reconocer en nuestro sistema democrático al uso su condición de representativo en cuanto que no puede afirmarse que los políticos elegidos por los ciudadanos representan a estos últimos.

Esa consideración es coincidente con la que, por mi parte, sostengo en “No salgo de mi apoteosis”, recientemente publicado en este lugar. Entiéndaseme bien; de ninguna manera pienso ni pretendo insinuar que mi modo de ver la democracia, haya influido en y, menos, inspirado lo que ALBIAC ahora sostiene. Mi contento reside en la coincidencia con un filósofo al que no tengo el gusto de conocer personalmente pero cuyo pensamiento, especialmente el de su espléndida madurez, le hace objeto de mi más alta estima intelectual.

No deja de ser curioso, y esperanzador, que ALBIAC, reciente Premio Cavia por cierto, se manifieste en un periódico del modo como lo hace, que es el que me permitía echar en falta por parte de los académicos de raza capaces por eso mismo de formular diagnósticos certeros y tratamientos adecuados. No basta con repetir, incluso machaconamente, el carácter defectuoso de nuestra democracia, como suelen hacer desde los medios de información propiamente merecedores de tal nombre los más conspicuos profesionales de la comunicación. El asunto es de tal importancia para la vida de los miembros de la comunidad a que alcanza el sistema de su organización política que no vale con repetir los mismos tópicos dando, al parecer, por bueno que aquel sistema persista en su condición defectuosa.

Por último, diré, sin temor a equivocarme, que la carencia de repesentatividad predicable según ALBIAC de la democracia entre nosotros no le impide al estimado autor reconocer su “utilidad” en el supuesto que nos presenta nuestra vida política para aquellos que se proponen desenvolver su vida personal mediante el aprovechamiento de la industria extractiva en que ha devenido el disfrute del poder.

No parece necesario expresar la conclusión de la necesidad de hacer progresar el sistema de organización política para impedir que, en lugar de contribuir a la convivencia pacífica de las personas convivientes en nuestra sociedad, constituya el medio de mantenerlas en sumisión.

José Mª De la Cuesta y Rute

1/julio/2019