“DERECHO: RACIONALIDAD…LIBERTAD…VERDAD…BIEN…BELLEZA”

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 “DERECHO: RACIONALIDAD…LIBERTAD…VERDAD…BIEN…BELLEZA”[1]

 

…Lo que voy a decirles se refiere a la marcha del curso pero se refiere también a lo que yo pienso que debe ser el método de enseñanza del Derecho, lo que a su vez, implica lo que pienso acerca del Derecho.

Empezando por esto último, porque es lo fundamentador de todo lo demás, les diré que entiendo el Derecho, mucho más que como un conjunto de mandatos y prohibiciones, como el cauce que media entre lo que se propone como normativo al hombre por serlo, es decir para que pueda alcanzar lo que el hombre tiene que ser, y la necesidad de que exista y perviva la sociedad entre los hombres, dado que el hombre es social por naturaleza y necesariamente desenvuelve su vida en sociedad. La sociedad, que es proyección del hombre y mundo humano, tiene que dirigirse al bien común, que es el bien de todos, en el que todos participan. La sociedad, pues, también ha de estar gobernada por aquellos principios que se ordenan a que el hombre alcance su finalidad,  pero para eso la sociedad ha de configurarse sobre una normatividad que asegure su pervivencia y facilite al hombre la consecución de su fin de acuerdo con su proyecto basado en la libertad.

Concibo el Derecho, pues, no como algo coactivo u opresor sino, al contrario, como un cauce para que el hombre pueda ejercer su libertad. Si el Derecho se manifiesta como prescriptivo es porque el hombre es un ser, como decía Laín[2], desfalleciente. Por eso el Derecho es una ayuda para que el hombre pueda vivir y desarrollarse como tal, por eso el Derecho es un camino, lo que conduce a la meta. Pero al mismo tiempo se comprende que el Derecho, no tiene porqué asumir la total normatividad conducente  a la verdadera felicidad del hombre, que pertenece al reino de la moralidad, al de la libertad suma, sino solo aquella parte que es necesaria para que la sociedad logre el bien común y, por lo tanto, todo hombre pueda, participando de él, desarrollar su vertiente social, que es la vertiente que propiamente lo constituye en persona.

De ahí que niegue la concepción positivista del derecho que hoy nos lo presenta como un instrumento, una herramienta, un artefacto emanado del poder, y en sus manos, para poder llevar adelante una obra constructivista de ingeniería social. Una concepción así lleva necesariamente al totalitarismo porque en realidad ya tiene en sí su germen.

En el nivel universitario en que están situados nuestros estudios no debo olvidar que por lo pronto  he de tratar de transmitir a ustedes un conocimiento, en concreto el conocimiento de Derecho mercantil. Pero el conocimiento que creo yo que debo transmitirles es el del uso de la razón práctica que decían los clásicos, de la que derivan las prescripciones normativas del obrar. Es decir, creo que debo transmitirles el uso de la razón que ha llevado a la normatividad referente a las instituciones jurídico-mercantiles que han de permitir proseguir el crecimiento personal en el ámbito de la sociedad. Porque la vida del Derecho, se ha dicho con acierto, es experiencia.

Todo esto exige, a mi modo de ver, que nos planteemos el Curso según el método que ha dado en llamarse tópico o problemático. Cada norma, pero sobre todo cada institución jurídica, es fruto o resultado de una experiencia de vida surgida en conexión a una realidad problemática. Ha de estudiarse el Derecho, pues, a partir del problema.

Pero esto no convierte a nuestra tarea en pura casuística. Porque siendo el Derecho fruto racional, solo podemos acercarnos a él, especialmente en el orden universitario, a partir de los conceptos y del sistema. Pero ellos deben venir orientados desde el problema. Por esa racionalidad intrínseca al Derecho es por lo que goza de una vis directiva o de una potencia informadora de la vida del hombre en sociedad. De ahí la necesidad de que su racionalidad se funde en la radical libertad del hombre y en su capacidad para la búsqueda y el hallazgo de la verdad, para la adhesión al bien y para la creatividad que conduce a la belleza. Todo ello, como se ve, se contrapone a cualquier idea de ingeniería constructivista que, en definitiva, supone dejar al hombre amputado de algo de lo que no hay derecho a amputarle; insisto, de la libre búsqueda de la verdad, de su capacidad de compromiso con el bien que le procure la felicidad y de su adhesión a lo bello”.

                                                                     Don José María de la Cuesta Rute

                                            Catedrático emérito de Derecho Mecantil de la Univ. Complutense

 

[1] Ordenando papeles, vinieron a mis manos unos pocos folios grapados en cuyo aséptico título se leía, “CURSO 2007-2008, DERECHO MERCANTIL I, UNIVERSIDAD COMPLUTENSE”. Después que empecé a leerlos, advertí que lo que contenían eran unas notas preparatorias de la clase inaugural del curso  de la asignatura de Licenciatura de Derecho, Derecho Mercantil I,  elaboradas por el profesor de la misma, el maestro de juristas don José María de la Cuesta Rute. En ellas, además de dar cuenta de aspectos organizacionales del curso, encontré una inapreciable lección sobre el Derecho. Lo que es, lo que debería ser y la importancia real que tiene en la vida de los hombres. Por ello, y porque no soy egoísta, se la sirvo. Para que la disfruten. Buen provecho.

Luis Méndez Bello.

 

[2] Pedro Laín Entralgo (1908-2001) http://www.cervantesvirtual.com/portales/pedro_lain_entralgo/autor_biografia/