DOBLE RASERO

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Hace no muy lejanas fechas se cumplieron 80 años de la trágica muerte del genial dramaturgo español Pedro Muñoz Seca. Fue vilmente asesinado en Paracuellos del Jarama, el 28 de noviembre de 1936. La fecha ya pasó. No hubo grandes homenajes, ni grandes fastos, apenas se le recordó.

Tan solo cuatro días antes había fallecido a los 96 años el poeta Fernando Macarro Castillo, alias “Marcos Ana”. Aquí sí fueron múltiples los gestos de recuerdo y sentidos homenajes que se hicieron en su honor. Casi todas las televisiones y radios dedicaron buena parte de su programación en glosarnos tan solo “una” parte de su vida. Como que había sido el  preso que más tiempo pasó en las cárceles franquistas. Que entró con 19 años, siendo todavía un niño y que no saldría hasta bien cumplida la cuarentena. Se le arrebató la juventud, el primer beso, el primer amor. Que era el poeta, la víctima… Lo que no nos dijeron fue la otra parte. Que fue condenado por asesinar a tres personas indefensas. La madre de una de sus víctimas relataba, “Macarro y otros milicianos practicaron en mi casa un registro de dos horas, llevándose detenido a mi hijo, que fue asesinado a las siete de la tarde. (…) Amadeo Martín se puso de rodillas al morir y perdonaba a todos y pedía perdón por nosotros. Al contar esto, Macarro se reía y hacía gestos de burla.”

“El mundo de la cultura” llora su pérdida. Ya no les quedan lágrimas para llorar a un genio de nuestras letras. Pedro Muñoz Seca sí lo era. Cuando nos cuenten de nuevo cómo Francia trata la cultura, que piensen cómo allí su “cultura” trata a sus genios. Lo más triste es que, cuando les falten las subvenciones, representarán sus obras, porque saben que el público, que es soberano para llenar los teatros, lo seguirá haciendo. Por cierto, es sabido que al que subvenciona tampoco lo tratan mejor. Parece lógico, teniendo en cuenta que es ese mismo pueblo que con sus actos libres no ha querido premiar su “ingenio” haciéndolo rentable. Y claro, no queda otra que sacárselo vía impuestos. Es triste, pero no quiere colaborar.

Como les decía, volviendo al principio, Pedro Muñoz Seca fue un dramaturgo colosal, autor, entre otras, de “La -genial- Venganza de Don Mendo”. Ya en vida sus obras tuvieron un éxito arrollador. Como explicaba Francisco Umbral, “…el público, con Muñoz Seca, se ríe y con otros, no. Y es que la clave no está nunca en el género, sino en el hombre. Muñoz Seca era gracioso. Otros autores se hacen los graciosos y eso no funciona”. Pero era más que eso, “quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro”, diría Valle-Inclán. Y claro, todavía hoy su obra llena los teatros de toda España, un hito al alcance de muy poquitos. Pero aquello, que le procuró cuantiosas ganancias económicas ya en vida, en este país de la envidia, se paga con inquina. Fueron muchos los que le criticaron ferozmente y su postura al contestarlos no ayudaba. “Prefiero pasar hoy en automóvil por donde está la estatua de Cervantes a que mis hijos pasen a pie por donde mañana pudiera estar la mía”. Tampoco que durante la República estrenara varias obras satíricas con esta. Además, se declaraba católico, monárquico y patriota. Otros muchos intelectuales, como Mihura, Jardiel Poncela, Manuel Machado y Azorín, también le defendieron, pero a él quien le interesaba era el público, y éste, que ya les decía antes, nunca ha dejado de hacerlo, acudiendo en masa a reír sus obras. Para su disfrute creó el astrakán, “género teatral que pretende provocar la risa utilizando el disparate”, como lo define la RAE.

Pues, Pedro Muñoz Seca no murió de viejo, murió asesinado. Fusilado por los gendarmes del odio, como tantos otros de ambos bandos en aquellos días de gris y plomo. Todos, víctimas de la crueldad, la sinrazón y el salvajismo, que son enfermedades todas humanas, de la persona,  y por tanto  individuales, por más que el que las sufra quiera esconderse en bandos o ideas. Fue juzgado por un Tribunal Popular, ante quien defendió que él sólo atacaba a los obreros que no trabajan, a los sinvergüenzas que viven a costa de los demás. Eso le valió su pena. Condenado por “fascista, monárquico y enemigo de la República”.

Su enorme ingenio era tal, que desbordaba en mucho al que cabía en su obra literaria, siendo infinidad las anécdotas que sobre su persona cuentan. La más conocida, pero no por ello menos genial, se produjo instantes antes de su ejecución. Cuando le llevaban para ser fusilado, les dijo a los que serían sus verdugos: “Podréis quitarme, la vida, pero hay una cosa que no me podéis quitar, y es el miedo que tengo”. Cuando algunos de los que iban a asesinarle le pidieron perdón, añadió: “Están ya perdonados… aunque me temo que ustedes no tienen intención de incluirme en su círculo de amistades”.

POSTDATA. La Obra de don Pedro Muñoz Seca, sigue llenando los teatros de un público deseoso de talento y risas. Nunca le ha faltado a la cita. A buen seguro que este es homenaje que a él le haría más ilusión. por más que su nieto, Alfonso Ussía, se lamente, “Si mi abuelo, asesinado en Paracuellos hubiera sido de izquierdas, el PP lo recordaría”.