EL OBJETIVO “SECRETO” DE UN COMUNISTA

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Leo en el diario EL MUNDO el siguiente titular. <<Para penalizar ideas que defiendo, como el marxismo, me llaman millonario>> La entrecomillada perlita está sacada de una entrevista[1] que no tiene desperdicio con el “empresario” catalán Jaume Roures. Evidentemente, que es millonario es cierto.

Enseguida me imagino a un maltratador diciendo <<para penalizar ideas que defiendo, como el feminismo, me llaman maltratador>>. Y que lo último fuera también cierto. O, <<para penalizar ideas que defiendo, como el antiesclavismo, me llaman esclavista>>. Y que también lo fuera. Podríamos seguir, pero dejémoslo aquí. Evidentemente, no es nada malo ser millonario, al menos para los que no compartimos las ideas que cree y defiende Jaume. Por tanto, tampoco es criticable. Lo que sí es criticable es la incoherencia de negarse a sí mismo, las incongruencias. Quizás no para los marxistas, que tienen  el mayor ejemplo de incoherencia en el propio Karl Marx, que tampoco aplicó nunca para sí aquello que predicaba para los demás.

Hablando de incoherencias, también sería una incoherencia para un marxista convertirse en empresario, digo yo, de esos que explotan trabajadores asalariados, robándoles una parte de la riqueza que producen. Pero no piensen mal, esta incoherencia no es aplicable al señor Roures. “Soy productor. Los empresarios tienen otros objetivos, seguramente legítimos, pero no son los míos”. Me encantaría saber cuáles son esos objetivos. Los de este señor, me refiero. Desde luego deben ser grandes, gloriosos, elevados… a  tal punto, que ningún otro productor alcanza, teniendo que conformarse con el odioso apelativo de “empresario”, y aguantar la “justa” reprimenda de los medios que profesan la misma FE que el susodicho caballero. Yo, de ser él, hubiera dicho, “nadie que no comparta mis objetivos produce nada”, y me hubiera quedado tan ancho. No fuera la gente a pensar que hay empresarios que producen bienes y servicios para que los demás los disfrutemos. Debería, además,  no ser egoísta, que eso es poco comunista, y desvelar el secreto de cuáles son esos objetivos.  Así el resto de empresarios, conociéndolos, podrían compartirlos, hacerlos suyos, y, ya sin miedo al qué dirán los mismos medios que tanto le gustan a este señor, tener sociedades en el extranjero para tributar menos que en España, o especular un poquito. Con los derechos del fútbol, por ejemplo. Según parece estas actividades, con esos objetivos, están en perfecta armonía.

Manda narices. Y aquí estoy yo, un pobretón, defendiendo el capitalismo y sus libertades, para que personas como Jaume se forren, y además puedan seguir diciendo libremente sus cosas. Pero también, que no les siente mal, para poderlas criticar. A ver si así no triunfan sus ideas. Porque entonces, no sé si él podría continuar siendo millonario, o seguir obsequiándonos con sus tremendas perlitas. Pero lo que es seguro es que yo no podré decir las mías.

No se engañen, “el vive como piensas, para no terminar pensando como vives”, se ha quedado antiguo. Es más moderno, va más con las “ultimísimas” teorías políticas, hoy tan en boga, el “vive como quieras, para no terminar viviendo como piensas”, o “piensa como quieras, para no terminar pensando cómo vives”.

 

 

[1] http://www.elmundo.es/television/2017/03/20/58cc0d34e2704e4d568b45d8.html