LAS INFLUYENTES

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Esta mañana al leer el periódico he tenido que volver sobre un titular para convencerme de que no había leído mal. La relectura, al confirmarme que no me había equivocado, me llevó a leer la noticia a que el titular se refería.

Ese titular nada menos daba noticia de que una de las ministras del dizque Gobierno del Dr. Sánchez se contaba entre las cien personas más influyentes del mundo. He de confesar que, una vez releído el titular y superada la inicial conmoción que me produjo, no me sorprendió dadas las circunstancias que rodean la condición actual mayoritaria de mis hermanos pertenecientes a la especie humana. Soy de los que están firmemente convencidos de la tiranía de los imbéciles que, como no puede ser de otra forma, somos tiranizados también por gente de la misma condición.

Pero como  todo tiene un límite, en la noticia de referencia me interesaba comprobar si acaso aquella mujer, con perdón, super-influyente era la vicepresidenta Calvo, porque, con todo, no podía creer que se tratase de quien tantas veces nos demostrare ser una verdadera lumbrera.

Leí, pues, con avidez la noticia a que el titular se refería. Y, claro, ¡cómo podía ser de otro modo!, la integrante de la minoría mundial más influyente es la persona del género femenino, al menos por ahora, que se ocupa del …no!…sí! del medio  ambiente.

A algunos irresponsables como yo mismo eso del medio ambiente como centro de los desvelos de los abnegados políticos nos parece una… bueno, dejémoslo ahí. Esa indiferencia ante cuestión tan trascendental se debe a que somos unos insolidarios, fachas, xenófobos, machistas etc., etc. incapaces de darnos cuenta de cómo se viene acortando la vida humana como ejemplo más significativo del agotamiento de los recursos. Por cierto que éstos deben salvarse gracias a aquellos abnegados desvelos incluso en el orden internacional o, mejor, universal (a ONU me refiero) gracias al progresivo avance a las cavernas que se manifiesta en toda exaltación del progreso.

Se me reconocerá, al menos, la perspicacia que acredita el señalar que en esa majadería de la contaminación y sus nefastas consecuencias para la vida consiste la veta más fecunda de la industria extractiva a la que se dedican los políticos y sus fámulos los intelectuales que están, a nuestra costa también,al servicio de las organizaciones internacionales.

José María de la Cuesta y Rute

25 de marzo, 2019