Los “Fantasmas” del Palacio de Comunicaciones de Madrid. (IV)

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Pensarían quienes hayan tenido la paciencia de leerme que con lo dicho ya era más que suficiente para sentir terror; así, terror, el  terror que tiene precedentes por desgracia bien conocidos y que no puede sino recordarse ante la actuación de los Fantasmas que pululan por el Palacio de Comunicaciones madrileño. El terror se hace presente sobre todo en relación con aspectos del fantasmagórico plan sobre derechos humanos que todavía no he mencionado. A mí, les confieso que me corren culebrillas por todo mi cuerpo al pensar en el significado profundo de ese aparentemente benéfico plan

Y es que, si graves son las cosas que se han previsto hasta ahora como de inevitable ejecución por los maléficos Fantasmas, más estremecedor resulta todavía pensar en que nada menos que el respeto a los derechos humanos se confía a instancias fantasmagóricas sustrayéndolo de facto de su ámbito natural, que es el propio del poder judicial en un sistema ordenado a procurar el desarrollo de la vida de hombres libres, vale decir, de hombres a secas.

Ese es el respeto que muestran los Fantasmas hacia el Derecho y hacia el sistema liberal y democrático que impera la Constitución. Bueno, lo de imperar, es un decir propio de un viejo jurista que cada vez se reafirma con más fuerza en su convicción de que, solo acogido cada uno a “su” derecho como tabla de salvación, pueden quedar todos exentos de coacción y fuerza externa destinada a obligar a la realización  de acciones no deseadas (y aún de peores males, según la condición de los Fantasmas y de sus instrumentos humanoides) a que les someten los propios Fantasmas, que amenazan con multiplicarse y proliferar incluso en otros escenarios distintos al Palacio de Comunicaciones de Madrid. Porque no es discutible la decadencia del derecho en su aspecto material, pese a su ocultamiento por la multiplicación de productos arbitrarios que se ponen en existencia bajo formas propias del derecho.

Pues sí, es indiscutible que la garantía que representan los verdaderos derechos humanos, o derechos naturales, se hace efectiva gracias precisamente a poder ejercitar el derecho a la tutela judicial  tanto como a poder recurrir en última instancia al amparo constitucional. Es cierto que, por desgracia, no han sido escasos ni son lejanos los supuestos en que los tribunales no han hecho honor a la garantía que representa su intervención ante infracciones clamorosas de derechos humanos verdaderos; se diría, y casi seguro que con verdad, que los miembros de esos tribunales son también instrumento de los maléficos fantasmas. Por esa nefasta experiencia me he referido antes a la decadencia del derecho de la que no son sólo causantes los Fantasmas del Palacio de Comunicaciones y su nociva iniciativa del plan de derechos humanos. Pero si alguna esperanza cabe de que el derecho continúe cumpliendo su función, por escasa que resulte ahora su eficacia, esa esperanza desaparece con dicho plan.

Oiga, usted, ¿será verdad lo que me han dicho de que el Ayuntamiento de Madrid lo preside quien antes había hecho de juez?…Sí, ya ve lo que son las cosas; pues entonces ¿por qué cree usted que se trata de fantasmas?; tengo que confesar: tocado!, pero es que yo creía que solo se trataba de majaderías impropias de personas cerebradas que tienen también por cerebrados a los demás, pero visto lo visto, no sé, no sé…¡SOCORROOO!

José María De la Cuesta Rute

19.12.2016