NO ME CABE UN TÓPICO MÁS

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Esta mañana he visto la Santa Misa por la 2 de TVE. Y con independencia de que por mi parte reconozca en el acontecimiento de la misa el valor no mensurable que le corresponde, al terminar la sesión no he podido por menos de sentir la invasión de un verdadero hartazgo de tópicos con que pretenden “argumentarse” en nuestro momento histórico las supuestas ideas que constituyen el bagaje intelectual respecto de los aconteceres que tienen lugar a nuestro alrededor. Sin duda que tales tópicos se refieren a diferentes ámbitos de nuestra vida pero especialmente a la realidad política y en muchas ocasiones, demasiadas, son de propósito propiciados por quienes detentan el poder de ese carácter a fin de acrecentarlo. Baste con señalar aquí que de los detentadores del Poder se predica la condición de representantes míos, nuestros, sobre la base del tópico supremo en este campo del carácter soberano del pueblo.

Pero no debo distraerme del campo religioso en el que, por desgracia, también impera el tópico entre los “sabios” teólogos y moralistas. Me refiero naturalmente a la religión católica y al sentimiento que me ha invadido a partir de la celebración de la Santa Misa que se ha retransmitido por tv esta mañana del 1º de septiembre.

Creo recordar la insistencia con la que hace años y a fin de cambiar la liturgia sagrada se afirmaba la necesidad de que las formas litúrgicas se atuvieran a las señas culturales propias del momento y lugar a fin de facilitar su comprensión por todos, cosa que se dificultaba por la conservación de las tradicionales formas entre las que se incluía especialmente el uso del latín. No diré una palabra acerca del significado de la liturgia para la creencia religiosa; me remitiré a las consideraciones del Cardenal Newman, que, por cierto, se han recordado con relativa insistencia por SS Benedicto XVI. La vieja liturgia entrañaba lo que de suyo debe pedirse a las formas litúrgicas.

Se abandonó el latín y todo lo que llevaba consigo. ¡Estupendo!, así podríamos disfrutar en plenitud de la liturgia de la misa al acercársenos a nuestros modos culturales. ¡Eso sí que era, al fin, “inculturación”!

¿Qué decir entonces de que durante la misa de hoy en que la entrega del pan y del vino al celebrante se produjo por asistentes a la misa que se acercaron al altar en una procesión a cuyo frente figuraban tres muchachas de color que con los atavíos, incluso en la cabeza, que supongo propios de su tierra se desplazaban a ritmo de palmas, canturreos y bailoteos que para nada se pueden considerar propios de nuestra cultura.

Y entiéndase bien. No me refiero ni al color de las muchachas ni al continente de su procedencia. Absteneos, pues, necios profesos de lo “políticamente correcto”, a los que ya estoy oyendo calificarme de xenófobo, racista y los demás etcéteras. Absteneos, ya que si destaco el color de la piel y el continente al que podían adscribirse las muchachas bailongas es para señalar lo poco, o nada mejor dicho, que su bailoteo y canturreo tiene que ver con nuestra cultura, siendo así que la procesión a que me refiero sólo ha podido practicarse cuando se abandona la liturgia tradicional transida de misterio y trascendencia para, según se afirmaba, celebrar la Santa Misa a tenor de los modos culturales propios. El latín había de abandonarse, pese a que los luego llamados españoles éramos considerados ciudadanos romanos antes incluso de Caracalla, para lograr una fecunda inculturación del Santo Sacrificio.

¿Ven ustedes por qué al término de la retransmisión de referencia me asaltó el sentimiento de hartazgo por los tópicos? Tópicos que, destinados a impedir que pensemos por nuestra cuenta los miembros de la comunidad para así “tiranizarnos” mejor como a “imbéciles”, resulta que invaden también inexplicable, y me atrevo a decir que dolorosamente, los territorios de la religión cristiana. ¡SOCORROOO…! ¡PIEDAD!

1 de septiembre de 2019

José Mª De la Cuesta y Rute