¡NO SALGO DE MI APOTEOSIS!

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(I)Introducción.

 … Es que no puedo salir de ella. Advierto: entiendo por apoteosis lo que entendía –no hay que decir que con la guasa que le caracterizaba- el inolvidable Diaz-Cañabate, o sea “el Caña”, cuando se refería al asombro que le causaba algo verdaderamente extraño. (Entre paréntesis: ¡qué gran taurino, “el Caña”!).

Se ve que con la edad se me han atrofiado las neuronas, si es que las tuve alguna vez, y no soy capaz de comprender cómo nadie hace nada –en este caso, pensar algo- dirigido al menos a evitar contradicciones entre lo que se predica de la democracia representativa y el modo como resulta posible de facto que, en los casos en que se ponen al descubierto sus deficiencias, reaccionemos aquellos a quienes se nos presupone representados en tanto que afortunados ciudadanos de un país organizado según los principios de aquel sistema político. Porque es el caso que, si las deficiencias no pueden ser descartadas por nadie que esté en sus cabales, se pretende, hasta por quién sí parece estarlo, que queden amparadas por el tópico de que la democracia representativa es el peor de los sistemas políticos si exceptuamos todos los demás.  Y ya, una vez expresado el topicazo que corona la sarta inacabable de los que subyacen, incluso implícitamente, a cualquier alusión al repetido sistema, podemos continuar fumándonos un puro; en especial, claro está, pueden hacerlo con tranquilidad aquellos para quienes el sistema es fuente de lucros y prebendas lucrativas.

Pues bien, no, no me resigno; y además de no ser yo de los afortunados “vivientes” –por no decir vividores- del sistema, tampoco por mi parte estoy dispuesto a caer en ese horror infame de quemar tabaco a costa de mis pulmones -lo de menos- pero a costa -lo de más- del medio ambiente que, como es bien sabido, los seres vivos de la especie humana envenenamos de modo tal como para que se acorte a pasos agigantados nuestra vida según está demostrado –¡ah, tiempo de las cavernas!- pero sobre todo la de nuestros hermanitos los animalillos, ¡angelitos!,  que nada hacen en contra del ambiente siendo por consiguiente víctimas de la insufrible injusticia -¿social?, no estoy seguro pues confieso que soy tan individualista y egoísta y machista y xenófobo y, perdón, se me olvidaba facha  como para  no acabar de saber qué sea eso de la  justicia social.

Pero no perdamos el hilo de la exposición, si a fumar no llegaría por mi parte sí que pretendo ayuda para, de un lado, poder salir de mi apoteosis a fin de no morir ahogado en los tópicos de que se rodea la llamada democracia representativa y para poder confirmarme en lo que creo saber, por el contrario, de que dichos topicazos y las muchas contradicciones esgrimidas en favor de aquella estructura inmutable suponen, se quiera o no, aceptar implícitamente el, por otra parte con razón, tan denostado “fin de la historia”.

Puesto que este final no se encuentra justificado, una vez despertados que somos de la tópica ensoñación debemos sentirnos urgidos y espoleados para intentar el alumbramiento de un nuevo sistema político o para procurar, al menos, las inevitables reformas del vigente de modo que nos permita transitar de veras a uno que sea más confortable por más acorde con la realidad de la organización política al servicio del hombre según los tiempos que nos han tocado vivir.

Porque sinceramente no encuentro explicación plausible para que la democracia representativa resulte intocable y no pueda ser objeto de modificaciones dirigidas a su adaptación a los tiempos. No me negará nadie que en una época en que se somete a revisión por razones temporales hasta lo que no lo merece ni tiene sentido hacerlo, en cambio, se estime intocable el sistema democrático representativo que, por otra parte, además no sólo no se presenta siempre el mismo sino que responde a significativas variantes.

Como no soy especialista en la materia, pretendo que mis palabras puedan tener alguna influencia en quienes son expertos, especialmente con dedicación universitaria. Me contentaré con expresar algunos puntos que desde luego me parecen cruciales para todo aquel que, experto o no, es ciudadano –y ya es bastante- sometido al sistema político de referencia.

La totalidad de la exposición no puede no ser larga por lo que quedará dividida en varias partes. Así lo anuncio ya en este momento.

José Mª De la Cuesta Rute

Abril, 2019