NUESTRO “CASO CARRASCO” CONTINÚA

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En mi anterior sobre ´nuestro` “caso Carrasco” mantuve la opinión de que la tipificación de la eutanasia como delito en nuestro Ordenamiento jurídico-penal exigía incluirlo en los delitos de violencia de género cuando la acción de procurar el medio para la muerte de la esposa se debía a su marido. Por esa razón concluía censurando el Informe de la Fiscalía y la decisión de la Juez de violencia de género que consideraban rechazable el asunto. El rechazo se decía amparado por la doctrina establecida por el Tribunal Supremo. Por mi parte, sostenía entonces y continúo sosteniendo que sólo una convicción ideológica puede avalar que en la eutanasia no hay violencia. Convicción ideológica que, por lo demás, lleva derechamente a deslegitimar el mantenimiento de la eutanasia como delito.

Al hilo de esto, no importa insistir en que mientras siga siendo delito la muerte asistida o del modo como quiera significativamente edulcorarse su enunciado es obligado estar a las exigencias que impone el pensar jurídico. Porque así lo exige el “mínimo jurídico” que resulta obligado para sostener que una situación como la actual, caracterizada por el voluntarismo arbitrario que impone el positivismo más crudo, pueda sin rubor máximo calificarse de “Estado de Derecho”. Pero ese mínimo jurídico descansa en las normas emanadas del poder legislativo; a él le está encomendado el monopolio de lo normativo, al que, por cierto, debe adecuarse la conducta del poder judicial aun cuando las personas que lo integren comulguen en la misma ideología que orienta al poder legislativo.

El vergonzante –también vergonzoso para la gente de estos tiempos, al menos para mí- respeto al repetido “mínimo jurídico” no ha pasado desapercibido a las lumbreras jurídicas que se integran en nuestro gobierno –ahora en funciones pero es igual- y, en especial, a la lumbrera máxima en todos los órdenes del doctor que lo preside.

Han comprendido que si la eutanasia se mantiene como delito, no puede dejar de enjuiciarse desde el punto de vista de la “violencia de género”. Y hoy me encuentro, en efecto, con la noticia de que el doctor postulante a presidir el gobierno se ocupará en seguida de excluir la eutanasia del ámbito de los delitos de violencia de género.

Forzoso es reconocer que, como avancé en mi anterior consideración, excluir de los actos de violencia de género a la eutanasia en que opera como sujeto activo un varón respecto de su mujer en la actualidad solo puede ser fruto de la convicción ideológica de que la eutanasia no es delito. Y eso hoy por hoy es imposible jurídicamente hablando pese a su extensión ideológica. Otra cosa es que también sea contrario a un verdadero orden jurídico despenalizar la eutanasia. Sólo una mentalidad ciertamente presidida por el “progreso” hasta el extremo de integrar una ideología es capaz de admitir que liberar a la persona de la vida puede no ser delictivo. ¿De qué persona están hablando?, ¿por qué esa supuesta persona agota todo lo que de una persona pueda predicarse?, ¿es que acaso sobre la persona no caben concepciones distintas?, ¿desde cuándo y por qué la ideología progresista está habilitada para arrasar cualquier concepción antropológica distinta de la suya e imponer la propia que solo responde a su ideología?, ¿dónde queda el famoso pluralismo cultural?, ¿dónde, la libertad?

Basta ya de perversas necedades y de mentiras, por favor. Ojo!, porque se comprueba una vez más que “progresando, progresando nos acercamos a las cavernas”, y eso no es ninguna broma.

José Mª De la Cuesta Rute

6 de mayo de 2019