Radicalización express

0
349

Cuando estalló la crisis de los refugiados y en Europa se empezó a tratar la posibilidad de abrir las puertas para dar acogida a toda esa inmensa cantidad de gente que huía despavorida de los horrores de la guerra, algunos se preguntaron si aquella medida no sería aprovechada por aquellos otros que habían jurado destruirnos. Ciertamente era un debate que no interesaba demasiado, por lo que, cuando aparecía, pongamos, porque algún “irresponsable” lo sacaba a colación, se ventilaba con una llamada a la sensibilización ante el dolor ajeno. Llegados a este punto, nadie quería pasar por insensible y no había mucho más que hablar. Desde el buenismo se tiende a la simplificación. La fórmula es sencilla, si valoras los riesgos que puede entrañar la medida, entonces es que dudas del sufrimiento verdadero de toda esa gente, o peor, lo admites y te importa un comino. No habiendo debate, ahora toca tranquilizar a todos esos europeos al borde del histerismo. “Fue una radicalización express”. Supongo que tan rápida como  el trance erótico-festivo en que se entró la pasada Nochevieja en distintas ciudades alemanas. Lo peor de todo es que, según dicen todos los analistas, si la radicalización express no se puede prever, tampoco se puede atajar.