Una misma visión para dos crisis

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Somos un país único. Sólo en un país como este, la nación más antigua del mundo, el anuncio de la convocatoria de un referéndum populista para la secesión de una parte de nuestro territorio, un verdadero golpe de estado auspiciado desde dentro de nuestras  instituciones, el Parlamento de Cataluña, es una noticia relegada. Lo es, independientemente del juicio de cada cual, porque el mismo día, a la misma hora, que esto pasa, el partido que más tiempo ha gobernado en la historia de nuestra joven democracia (¡qué vieja parece!), pasa de las palabras a los hechos, de las amenazas a los “golpes”. Reconozcámoslo, somos “grandes”. A los que decían anteponer el interés de España  a los suyos partidistas, les pilla la noticia en el campo de batalla, aunque ésta era la crónica de una noticia anunciada. Quizás siempre fue mentira, quizás siempre priorizaron sus problemas e intereses a los de todos, o peor, creyeron que sus problemas eran los de todos.

Y es que ambas noticias están interconectadas. Si en Ferraz en este momento vuelan los cuchillos, se debe fundamentalmente a dos factores, también relacionados. A diferencias profundas sobre su idea de España y a la pérdida de poder. En el trasfondo se encuentra el intento del sr Sánchez de encabezar el gobierno de la Nación, apoyándose, de una manera u otra, en aquellos que pretenden destruirla. Y algunos, otras veces artífices, siempre cómplices, de ese manoseo a la idea de Nación, “discutible” acuérdense, ven que lo que otrora les dio el poder, en algunos territorios hoy se lo quita. Y no nos equivocamos, éste, el poder, era el pegamento que unía a tantas familias tan diferentes. Porque el PSOE ha sido la mayor empresa de este país, la que ha procurado el peculio a mayor número de personas, y si hoy no lo es, es porque sus principales enemigos (¡la derecha!, el PP) les han adelantado. A cada nuevo “récord” electoral del sr Sánchez, infinidad de personas se quedan en el camino. Y eso no hay organización que lo aguante. Detrás de tanto ideal, o antes, vayan a saber, siempre estuvo el pan. ¡Cuántos “ideales” defraudados!

Para explicar la “deriva catalana” hay que retrotraerse a su inicio. Por eso decía que ambas noticias están interconectadas. Porque también aquí el PSOE jugó su papel, y también aquí la motivación fue la misma, el poder. Por alcanzarlo, sacrificó la idea de España, y por hacerlo, cómo he explicado anteriormente, hoy se encuentra de pelea. ¡Menudos lumbreras! Pan para hoy, hambre para mañana. Zapatero, ese “hombre de estado”, fue quien, para alcanzar allí el poder, propuso un nuevo Estatuto para Cataluña, cosa que en aquel momento ni siquiera los nacionalistas reclamaban. Y fue más allá, prometió aprobar cualquier bodrio que saliera del Parlamento catalán. Los nacionalistas, que tontos no son, recogieron el guante, y movidos por el movimiento del PSC, que se había declarado tan nacionalista como ellos, dieron un pasito más. ¿Acaso alguien pensaba que iban a quedarse menos nacionalistas que los no nacionalistas? Así llegó el Estatuto, casi inconstitucional en todas sus partes, que, después de pasar por el Tribunal Constitucional, solo en parte muy pequeña fue aseado. Pero el mal ya estaba hecho. Los nacionalistas envalentonados, los constitucionalistas criminalizados, el victimismo abonado, el derecho soterrado, y el poder conquistado. Hoy son la cuarta fuerza en una Cataluña que anuncia la desobediencia y desconexión de España. Pero claro, en este partido, como hoy claramente vemos, la asunción de responsabilidades no  se practica mucho. Hay que mirar adelante, ganar la próxima partida, y tratar de acaparar el mayor trozo de tarta en el próximo reparto. Ello hace imprescindible construir el relato, cambiar el pasado para ganar el futuro ¿se acuerdan? Y en esas resulta que fue el PP el culpable de la situación, mandando al Constitucional un Estatuto anticonstitucional, como de hecho, así fue en parte declarado. Pues, átense los machos, a pesar de ello creen que no debió hacerse, ya a sabiendas de su ilegalidad, con todo lo que implica de trágala al conjunto de los españoles, que verían como la arquitectura constitucional sin su concurso habría mutado dejando sin efecto la soberanía nacional, que sólo a ellos pertenece.