YO CONFIESO

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Confieso que no puedo negarme a reconocer en mí una dosis, no muy grande pero sí efectiva, de masoquismo. Pues es el caso que soy adicto a escuchar por las mañanas un programa de radio en cuya tertulia política participan algunos tertulianos de cuyo nombre prefiero no acordarme. Y conste que este olvido voluntario no sólo se refiere a alguno que profese la religión del progresismo, sino que también acoge a quien milita inequívocamente en la posición diestra pero que refrenda sus palabras, proferidas, por cierto, con suficiencia inaguantable, con tacos y expresiones soeces cuyo uso, si confirma la arrogancia del personaje, trasluce sin embargo, contra la realidad del calendario, su instalación definitiva en la adolescencia intelectual.

Pero en esta ocasión deseo centrarme en el tertuliano que siempre tiene a punto, y lo formula, el argumento, si así puede llamarse, de la guardarropía propia de la progresía más avanzada. Los demás tertulianos le llaman por un diminutivo de su nombre que no necesariamente implica ningún tipo de menosprecio.

Pues bien, este último tertuliano que centrará mis palabras produce lástima por cuanto que parece que trata de defender el papel que le ha tocado en suerte de patrocinar el “progreso” del que no parece estar muy seguro. Y digo que no parece muy seguro no porque los “argumentos” utilizados no sean los mismos que utilizan en otros programas distintos tertulianos decididamente progresistas, no, sino porque se usan por el protagonista de nuestra historia sin el ardor ni la osadía intelectual características de la indigencia de este orden que son propias de todo beato fiel del progreso como, por lo demás, confirman los tertulianos de aquellos otros programas.

No habrá que decir que para el protagonista de nuestra historia el partido VOX se adscribe a la extrema-derecha y se hace merecedor de ser motejado con el infamante calificativo, nada menos, de populista. De pasada, diré que nunca, tampoco por nuestro tertuliano progresista, se han dado razones, digo razones no motivaciones ideológicas, para esa “espantosa” calificación, de la que, por cierto, yo no sé el porqué de considerarla espantosa ni lo que de verdad significa más allá de resultar un nefando epíteto injurioso. Pero a esta cuestión ya he dedicado hace tiempo algún espacio del mío. Y es que el progreso tiene para todos, porque considerar injuriosa la palabra populista, paralizante a causa del horror que inspira, no es solo de los verdaderos beatos del progreso sino que se ha extendido a quienes no son fieles obedientes suyos sin fisuras.

Pero retomemos el hilo. Es claro, pues faltaría más, que para nuestro tertuliano VOX está al margen de la Constitución, pero como la religión del progreso parece ordenar sin dar razones que lleven a concluir su inconstitucionalidad; tal parece que todo fiel progresista no debe plantearse cambio alguno que roce el Estado Autonómico y sobre esta base se confunde con la desobediencia al texto constitucional vigente lo que es cabalmente su propuesta de reforma respecto de la organización territorial del Estado para que de este modo la Constitución se pueda considerar que de veras y finalmente constituye, valga la redundancia pero es ahora necesaria, nuestro Estado. Y aquí viene el motivo de mi desconcierto, porque pensando así nuestro personaje esta mañana en su afán de criticar a las derechas se ha referido a la afrenta que infiere la Comunidad de Madrid a los habitantes de otras Comunidades al no imponer a los suyos  algunos impuestos que sí imponen estas últimas con lo que aquella Comunidad poco menos se convierte en un paraíso fiscal interior (han sido sus palabras) que desde luego no puede consentirse y, consiguientemente, deben tomarse medidas para que eso no suceda. ¡Toma ya, Autonomías y competencias constitucionales!

Y es que el sacrosanto progreso, a cuyo nombre se inclinará toda rodilla, tiene estas cosas; muchas, demasiadas; y todas participando de la misma característica de absoluta a-racionalidad por ser fruto de una vergonzosa ideología.

Sería interesante realizar un análisis de todas las ideas (?) que integran el progresismo para descubrir esas características antedichas y, por consiguiente, poder discernir sus falsedades de las verdaderas ideas integrantes del pensamiento humano presidido por la búsqueda de la verdad. Pero ese análisis quédese para otro día.

 

José María De la Cuesta y Rute

13 de julio de 2019