Cronica alpina: Cabeza de Hierro

0
888

24 de junio, día de San Juan, siendo las 16 horas de la tarde me reuní con mis amigos y compañeros Victor y Borja, emprendiendo el viaje en singladura al Puerto de Navacerrada para llevar a cabo nuestra pequeña gesta de subir a la segunda montaña más alta de la Comunidad de Madrid.

Bajo un calor sofocante que pronto fue aminorado por el oreo de la sierra, comenzamos la ascensión en busca de ese objetivo de superación y libertad que todo alpinista trata de hallar en sus excursiones: más de 6 horas y 16 kilómetros de camino nos tenía preparada la montaña para poner a prueba nuestros cuerpos y mentes. A la hora de comenzar y tras calentar y surtir el cuerpo de nuestro combustible preferido –los emanems-, coronamos el pico de Bola del Mundo o Alto de las Guarramillas, 2.227 metros donde nos recibían las imponentes antenas de telecomunicaciones que se hallan en su cumbre. Una vez arriba, pronto comenzó a embargarnos el sentimiento de pequeñez en un mundo inmenso que bien reconocerán todos aquellos que gusten de transitar las alturas. Al sur se extendía la antropizada Comunidad de Madrid, al noroeste se abría la inmensa campiña castellana, tras nosotros el sistema central se perdía en el horizonte y delante nuestro objetivo, la cuerda larga y su punto más alto, Cabeza de Hierro nos aguardaba.

Inmediatamente empezamos a descender vertiginosamente igual que rápidamente volvíamos a subir escarpadas cuestas que bien “rascaban” nuestras piernas, no permitiéndonos mantener un ritmo constante; la montaña nos mostraba que no iba a ser un camino de rosas tal y como al principio esperábamos. A las 22 horas y media de trayecto llegamos a nuestra segunda cumbre: Cabeza de Hierro Menor (2.379 metros). Ante nosotros se erigía imponente y egregia Peñalara, sus neveros e inmensos bosques se incrustaron en nuestras retinas, sabedores de que pronto nos enfrentaríamos a ella.

Tras un pequeño descanso en la cima comenzamos el descenso de ésta con los ojos ya puestos en nuestro objetivo, ante nosotros Cabeza de Hierro se mostraba tal y como su nombre indica, nuestra moral y nuestras ansias de coronar se desbocaron deseosos de tocar, morder y abrazar el deseado punto geodésico de la cumbre. De tal modo y a las 3 horas de haber comenzado nuestro periplo, conseguimos coronar la cima, el éxtasis y la alegría se hicieron patentes en los abrazos y choques de palmas habituales en los tres amigos cuando el objetivo se cumple, dejando paso a la inmortalización del momento con nuestros móviles. Eran las 8 de la tarde y un celestial semiatardecer hacía del momento algo idílico; Peñalara, el circo de la Pedriza, el Sistema Central de noreste a suroeste hacía que nos embriagara el tan buscado sentimiento de libertad. Tanta belleza junta en la soledad de un lugar aparentemente vetado para el ser humano nos causaba una fascinación y una adicción de la que lo último que deseas es su final.

Procedimos a abandonar las cumbres más altas y sus vientos perpetuos, comenzando el retorno sin saber que aún quedaban bellezas naturales que ver, así como miedos y peligros que superar. La vuelta discurrió con normalidad hasta la última subida que finalizaba en Bola del Mundo, cuando Victor vislumbró en la lejanía una extraña mancha marrón que resultaron ser cientos de cabras montesas. Un auténtico espectáculo de la naturaleza ver como disputaban unas con otras con sus intimidantes cornamentas en pro de conseguir su hembra. Ante tal situación y dado nuestro desconocimiento de urbanitas, tomamos toda precaución con el fin de evitar problemas, provocándonos un poco de retraso al vernos obligados a salir del camino y subir por un tramo de importante inclinación que nos tronzó. Ahora bien, no hay sufrimiento sin recompensa, y tras alcanzar de nuevo Bola del Mundo pudimos disfrutar de uno de los atardeceres mas increíbles que jamás hayamos visto; el cielo, el sol, la meseta castellana con las montañas de la Sierra de Guadarrama nos obsequiaron como si de un lienzo se tratara con la más variada gama de colores que jamás haya observado sobre la faz de la tierra.

Finalmente, el sol se oculto en un horizonte infinito para dar paso a la mágica noche de San Juan que nosotros habíamos podido recibir en todo lo alto.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here