¿Les vamos a negar el pitillito de después?

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El municipio coruñés de Santa Marta de Ortigueira se ha adherido a la “red de playas libres de humos”. Me toca especialmente, dado que en Ortigueira, el pueblo de mi padre, paso algunas temporadas estivales. Y no solo porque sea fumador, que lo soy orgulloso, sino porque considero que la “iniciativa” nace de una ilegítima atribución de potestades por parte de la Administración. Vayamos por partes.

Según el consejero de sanidad gallego, Jesús Vázquez Almuiña, del Partido Popular, el objetivo es, traduzco del gallego, “concienciar a los vecinos y a la gente que nos visita de la importancia de mantener limpias las playas y mejorar la calidad ambiental”. La pregunta es clara. ¿Deben las administraciones públicas, o sea los políticos; concienciar, o sea educar, a los ciudadanos? Según dice el consejero, el objeto de la concienciación es mantener las playas limpias y mantener la calidad ambiental. No se trata, según se ve, de concienciar sobre los efectos perniciosos del tabaco, no creo que a estas alturas nadie los ignore, sino de mantener unos parámetros saludables de calidad del aire y mantener las playas limpias. Puesto que la playa ortegana de Morouzos se expande a lo largo de dos kilómetros y medio de litoral y el número de bañistas difícilmente llega a la centena los cuatro días que llegan, de los que se habrá de descontar a los no fumadores, no parece que esté en peligro la tan querida calidad del aire. Si lo que se pretende es mantener las playas limpias, entonces, lo mismo dará tirar una colilla, que una botella, que una lata, digo yo. Quién no cumpla el deber cívico de dejar las cosas como las encontró, debería ser objeto de sanción, independientemente de que su desecho sea algo tan saludable como una botella de agua mineral. ¡Pero ojo, no es esa la idea! “Que la playa haya sido declarada <<sin humo>> -copio de La Voz de Galicia- no implica ni vigilancia para comprobar que nadie fuma en el arenal, ni tampoco sanciones para quienes infrinjan el veto al tabaco. La única función es disuasoria y de concienciación”. Es esta potestad la que me parece ilegítima, la de concienciación, distinta a la normativa, de control o de policía.

Rompe, además, con un viejo principio liberal, plasmado en la Ley no escrita que dice que está permitido todo lo que no está prohibido. Muy diferente a la otra, tan vigente entre los “socialistas de todos los partidos”, que dice que sólo se puede hacer lo que está permitido.

Si yo, cívicamente, quisiera, de acuerdo con mis principios, regirme por esa primera norma moral, podría encontrarme con la desagradable, por violenta, situación de enfrentarme a los que me la niegan. Y ellos se encontrarían cargados de “autoridad”. En este querido país en el que ya no cabe un tonto, esta decisión supone cargar las “armas” de tanto postulante a inquisidor. Esto pasa por pedirle a los políticos que trabajen. Yo les pido que estudien, Derecho, por ejemplo, y mientras, hasta que no podamos echarlos, que se queden en casa sin hacer daño.

Postdata. Comentando la noticia con los amigos de Ortigueira en el grupo de whatsapp me dicen que en las dunas “se folletea” ¿Les vamos a negar el pitillito de después? Me parece un sinsentido.